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Este breve relato tiene como protagonista a la Sirena de Copenhague, que es una escultura situada en la capital de Dinamarca. El otro protagonista es Rodrigo, un exiliado chileno, que fue despojado  de su cordura y humanidad durante su estancia de presidio en la dictadura de Pinochet, y  que, posteriormente, perdió toda esperanza producto del exilio.

Benedetti nos narra la triste expresión, que al parecer, tiene la Sirena de Copenhague, como un reflejo de los sentimientos más profundos que puede tener una persona exiliada. Al narrador le parece que ella expresa un dejo de viudez y al conocer la historia, éste lo confirma. La Sirena tenía esa expresión de viudez, porque en la soledad y el frío del extranjero existe una añoranza hacia la patria, una melancolía que se transforma en crónica, una vida que fue y que ya no será más, producto del despojo. Claro, existe una muerte, un arrebato, un luto que lleva cada persona.

A todo lo anterior se le suma la experiencia traumática de Rodrigo, un hombre que fue roto por la tortura de la dictadura, en ese caso cuando ya no tienes nada, el amor es lo único que te podría salvar la vida y él encontró el amor en la Sirena. Cuando, además, supo sobre los constantes actos vandálicos contra ella, incluso, las mutilaciones que sufrió, el reflejo fue más claro, la empatía total y el amor en la crueldad de nos ser nada, se alzó.
Rodrigo selló su amor durante la madrugada de un día de invierno: se desnudó y abrazó a la Sirena de Copenhague en un último acto de felicidad, allí lo encontraron al otro día: “...dulcemente yerto, sin nueva vida y también sin vida vieja.”



   Muchas preguntas surgen al leer “Fidelidades” de Mario Benedetti, no obstante hay una interrogante que siempre es necesario abordar, una incógnita central de todas las cosas que se pueden balbucear de eso que llamamos "amor". Cuándo se ama, se desea, se quiere, se añora, etc. ¿se trata del otro o se trata de mí? o en palabras más simples ¿Qué se ama cuando se ama? Acaso se trata de amor por un otro (un otro efectivo, un otro que no soy yo) o se trata del amor por lo que a mí me falta (lo que me complementa, lo que me llena). Cuando se ama ¿se trata de un ir hacia otro o es siempre un a-traer hacia mí?
En el caso de Ileana, la protagonista del cuento de Benedetti que tiene dos amores, se trata de lo que le falta, de lo que la complementa, de lo que en definitiva le da estabilidad, pues para ella:

“...saberse querida, o al menos deseada por ambos, no le causaba la menor ansiedad, más bien le otorgaba una evidente seguridad ante sí misma y ante los demás.” 

    Y es precisamente esa estabilidad la que en una parte se pierde, cuando los otros (marido y amante) se alejan, cambian su disposición con ella, cuando no funcionan y en ciertas palabras, se vuelven sujetos ajenos a su vida, sin que ella lo desee. Y lo que se refleja en el cuento, no es precisamente Ileana una persona manipuladora, pues no usa exactamente a los otros, a través de ataduras, artilugios o engaños para que ellos se mantengan a su lado, sino es una persona con la suerte de los contextos pudo sentirse tranquila con su vida amorosa. Ambos están con ella en razón de su decisión, independiente de que uno de ellos no sepa la existencia del otro y que el otro era…

 “...consciente de que Ileana se acostaba con su marido, pero en cambio éste ignoraba el verdadero alcance de la otra relación”

Hay ciertamente un equilibrio tácito entre los tres. No obstante un equilibrio, siendo dependiente de muchos elementos puede que se perturbe o como pasa en el cuento, se transforme y no todo sea igual, aunque si se mantenga la estabilidad “complementaria” del amor que Ileana necesita desde un principio. 



Título: Fidelidades.
Libro: Despistes y Franquezas (1989)